domingo, octubre 29, 2006

Libertad para ser atacados.

Nunca, en mis 19 años de vida había tenido tantos y tan tupidos encuentros con la policía. Creo que fue a causa de las críticas que vertí en mi último post sobre el H. Cuerpo de Policía de San Pedro, esas son mis sospechas.

El hecho es que hace dos semanas tuve un par de encuentros electrizantes con la policía, que ya quisieran los Hidrorayos del Necaxa.

Expónense a continuación los hechos:

Manejando iba yo, como yo manejo, poco cauto y siempre a prisa (de lo cual no estoy orgulloso, pero estamos trabajando en ello, esperen noticias). Me dispuse a seguir a una Suburban que -ágil como mi Tsuru- iba abriendo paso en una transitada avenida del centro y me permitía a mí también transitar con fluidez por aquella bella calle (¡qué tal!). Después de un par de cuadras una camioneta Sonora se interpone entre la Suburban y el Rayo de Plata (alías mi Tsuru) y empieza a seguirla con celosa cercanía. En momentos como este, surge en mí una sagacidad y una ansia de conocer las causas detrás de los efectos, solamente comparable a la de Sherlock Holmes; la gente lo llama ser metiche pero yo prefiero quedarme con la idea de que nací para investigador.

Pues nada, que al llegar a un alto me emparejo a la Suburban, para poder ver quién es el famoso personaje que amerita traer guardaespaldas. El conductor y el copiloto -ambos con lente oiscuro Ray-Ban desos de estuchito café a la cintura- me miran con cara de pocos amigos y muchas amigas; el semáforo cambia a siga, la Suburban arranca, la Sonora arranca como si fuera Schumacher siguiendo a Fernando Alonso.

Decepcionado al ver que las misteriosas camionetas no siguen mi camino doy vuelta a la derecha. ¿Quién habrá sido es tipo? ¿Porqué traerá guardaespaldas? ¿Por qué me miró tan extrañamente cuando voltee a verlo? ¿Porqué... screeeeeeeeeeeeeeeech (rechinido de llantas en inglés), un Impala blanco me cerró el camino antes de que pudiera dar vuelta, se abren las puertas delanteras. Hasta este punto yo ya imaginaba como seguiría la cosa: los tipos que bajan del coche, descargan sus cuernos de chivo contra el Rayo de Plata, lo dejan hecho tiritas y a mí me hacen coladera. Dicen que en estos momentos ves pasar tu vida como en una película, pues les diré que a mi no me paso esto por la cabeza, porque estaba muy entretenido sudando y muriéndome de miedo.

Pero no pasó así.

Se bajaron dos batos del Impala, uno de ellos se acercó:

- Buenos días joven, se puede bajar de la unidá.
- Con todo gusto, pero antes me podría decir quienes son ustedes.
- Somos policías federales (me acordé de la película de Man on fire, cuando le está cortando los dedos al bato: "soy policía judicial weeeey").
- Me podría mostrar una identificación.
- Aquí el que se tiene que identificar es usté.
- Ah no, pos así por la buena sí.

Me bajé del coche y le di mi credencial de elector.

- Pareja, revisé la unidá mientras tomo los datos del joven.
- Sí pareja.

Pareja revisó el coche y dio su veredicto.

- Está limpio pareja.
- Gracias oficial, trato de lavarlo seguido para que no se acumule la basura.

Mientras, el otro policía hablaba por radio.

- Adelante 44.
- Adelante 41.
- 35 el 42 del 28 24. ROMEO, OSCAR, DELTA, ROMEO, INDIA, GOLFO, OSCAR; BRAVO, ALFA, ROMEO, BRAVO, ALFA.
- ¿41, cuál es su 12?
- Félix U. Gómez y Progreso.
- ¿Qué 40 con el 24?
- 08, del seguimiento del 38.
- 53, 41. Avise cualquier 40 con el 48.
- 53, 54. (para mayor referencia visite: (http://www.enlace21.com/RadioCB.htm)

- Listo joven ya se pude ir.
- Fue una revisión de rutina.

Así de simple terminó mi primera aventura. Después me enteré que justo esa mañana se había cometido otra ejecución y que en la Suburban viajaba un alto jefe de la Policía Federal.

Ese mismo fin de semana, partimos al paradisíaco destino turístico de Real de Catorce (uno de los 1,245 pueblos mágicos de México, jajaja). Estando departiendo con amabilidad, camaradería y alipuses en nuestro magnífico campamento, se presentó un policía:

- Buenas noches jóvenes.
- Bueeeeeee naaaaaaaaaaaasssss noooooooooo cheeeeeeeeess, seeeee ñooooooor pooooooo liiiiiii cíííí aaaaaaaa. (Así, como en primaria, quise contestar, pero me ganó la prudencia).
- Jóvenes, estanos haciendo una revisión de rutina (los policías y sus piiiinkis rutinas, pensé). Quiero que nos digan diuna vez ques lo que train. Porque al rato vamos a regresar a revisar diadeveras y no vaber perdones, ni moches ni arreglos (sí cómo no, seguía yo pensando). Así que cualquier tacha, carrujo, popeye, jeringa, ácido, arma blanca o de fuego diuna vez sáquenla.
- No pos no traemos nada oficial.
- ¿Seguro que no? Bueno pero al rato ya no vaber perdón eh. Porque al rato va a venir el jefe y ese no se deja.
- Entendido y anotado oficial, aquí los esperamos al ratito.

Y efectivamente, regresaron como a eso de las 3 de la mañana a revisarnos. Yo estaba ya soñando con el próximo campeonato de las Chivas cuando escuché que abrían la puerta de la tienda de campaña.

- ¿Quién vive aquí?
- Yo mero.
- Sálgase por favor, vamos a hacer una inspección de rutina (estoy empezando a pensar que tengo equivocado el significado de esa palabra).

Y ahí vamos pa´ fuera.

Nos revisaron hasta la conciencia, la cartera, los calcetines, los zapatos y anexas. Sacaron una mochila en la que había un papelito echo rollo. Unos de los policías pidió una linterna y poco a poco fue desenrollando el papelito, pensando encontrar marihuana adentro; hasta que llegó al final y se dio cuenta que era el ticket de un Oxxo.

Pasaron muchas más cosas divertidas, pero por cuestión espacial no me es posible narrarlas.

A lo que iba era a lo siguiente. ¿Hasta dónde está la potestad de la policía y hasta dónde están nuestras garantías individuales?

Carlos Llano dice en su libro "Nudos del Humanismo": "En principio, hay dos concepciones diversas y radicales respecto del papel de la Constitución de un país, que se refieren a dos vertientes de la seguridad que todo ciudadano busca en ella: la seguridad mediante el Estado y la seguridad frente al Estado, que son al mismo tiempo dos dimensiones respecto de la libertad civil. Este segundo concepto, que puede llamarse protoliberal, se encuentra vigente aún en el sentimiento de muchos miembros de la sociedad civil, al punto de que los derechos humanos se consideran como una mera función protectora - fuerte, pero sólo protectora - ante la autoridad".

Así por ejemplo, el libre tránsito y el derecho a la privacidad estarían por encima de la intromisión a la que el Estado tiene derecho para proveer seguridad eficiente al ciudadano. Bajo este concepto protoliberal todos tendríamos derecho a que nuestra vida privada no sea violentada por la policía, a cambio de que sea violentada (de manera más dramática) por el crimen.

Muchos me dicen que porqué no denuncio a estos policías. No tengo porqué hacerlo: me trataron con respeto, me pidieron justo lo necesario para protegerme y proteger a la sociedad, es decir, se limitaron a hacer su trabajo.

Esta exaltación de la libertad, entendida como un derecho que nos protege ante los abusos del Estado y no como una consecuencia de nuestra dignidad humana, es lo que llevaría a Estados Unidos a impedir a un policía interrogar a un ciudadano y en cambio permite que se le quite la vida a un no nacido. Maldito mundo loco.

Cajón de desmadre:

Este sábado tuve la oportunidad de escuchar a un letrado en el régimen priista. Nos explicaba que estamos acudiendo a la muerte del sistema que por años gobernó a nuestro país. "Las esquelas -decía- del sistema posrevolucionario se repartirán este 20 de noviembre, cuando no se realice el tradicional desfile". Este desfile ya carece de sentido, porque la causa revolucionaria murió hace mucho tiempo (el día que renunció don Porfirio diría yo).

Aunque esto es harto interesante, lo mejor es lo que está por venir. Si el sistema antes se basaba en las dádivas de papá gobierno y los gremios de cada interés tenían su representación en el poder, ahora la democracia necesitará tener su base en los ciudadanos responsables. El sistema autoritario del PRI no era un ente que se disolvía en la nada, tenía nombres y apellidos. Ciudadanos de todos los sectores, empresarial, laboral, campesino, artístico, político, periodístico, etc., se beneficiaban del sistema de alguna manera. Si el PRI vivió tanto tiempo fue porque nosotros nos alimentábamos de él y él de nosotros. El ciudadano irresponsable y comodino, votaba por el partido que lo llevaría a vivir sin sobresaltos los próximos 6 años. Hoy ya no puede ser así, ya no debe ser así. Hoy, ahora: !SE BUSCAN CIUDADANOS!

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