Prácticamente no hubo una clase en mi carrera donde no se hablara de globalización. La maestra o maestro en turno hacía la pregunta de rutina. Todo dependía del carácter del maestro pero el fondo de la cuestión siempre era el mismo. La maestra joven buena onda, "a ver chavos, q´ onda ¿qué sienten qué es la globalización?", nótese que aquí lo importante no era que es la globalización, sino que sentíamos nosotros al respecto. El maestro amargado por los años de insatisfacciones en el magisteriado, "estoy seguro de que ninguno de ustedes ha leído el capítulo y que lo que puedan responder es porque lo han visto en la tele, pero bueno, a ver si alguno de ustedes me puede decir ¿qué es la globalización?".
En fin respuestas también había de todo desde: "hay miss pues yo siento que la globalización es así como que todos estamos, de que más unidos, tipo más comunicados y así. Osea el messenger y todo eso ¿no? Puedes conocer desde gente super x, pero te topas también con gente bien, tipo global, osea como que de todo". También están los chistes crueles que dicen que el mejor ejemplo de la goblalización es la muerte de la princesa Diana. Una ex Princesa británica, con un novio egipcio, que usa un celular sueco, que choca en un túnel francés, en un auto alemán, con motor holandés, manejado por un conductor belga, que estaba medio high en whisky escocés. A ellos les seguía de cerca un paparazzi italiano, en una motocicleta japonesa. Ella fue intervenida por un médico ruso y un asistente filipino. Bueno el punto queda claro.
Y me recuerda una experiencia que también retrata la globalización. En diciembre pasado estuve en Chicago par un entrenamiento y como de costumbre, salí el domingo para estar el lunes temprano en las oficinas de la empresa. El domingo por la tarde, busqué ir a Misa a la Iglesia donde voy siempre, pero como siempre me perdí para llegar a ella.
Me bajé del metro con unas ganas indescriptibles de fumar y no traía cigarros. Cómo se imaginarán, los cigarros en E.U. es de lo más caro que hay, así que compré mi cajetilla de 70 pesos con todo el dolor de mi corazón.
Una vez tranquilizado por el humo empecé a caminar y me perdí. Vuelta a la izquierda, vuelta a la derecha y después de media hora de caminar estaba más perdido que nunca. Para colmo no me acordaba del nombre de la calle dónde estaba la Iglesia y peguntar por una Iglesia católica en la zona yuppie de Chicago, ni caso tiene.
Total, que di providencialmente con un Templo católico. Me disponía a abrir la puerta cuando de repente salió de ella una figura roja enorme, alcancé a distinguir las lentejuelas, la cara de una señora de ojos rasgados y dialecto ininteligible, antes de que me arrollara con su ímpetu.
Entré y me sentí como en la película de gremlins. Otras quince señoras vestidas igual y con las mismas facciones iban de aquí para allá, relampagueando con sus lentejuelas rojas. Me dirigí a la que tenía más actitud de lidereza de ambulantes y le pregunté por la Iglesia que estaba buscando. Sacó una carpeta blanca donde tenía todas las Iglesias de Illinois (cómo todo buen gringo bien informado) y me dijo que no encontraba la Iglesia que buscaba. En eso se acercó el párroco de aquél lugar, un español al que sólo le faltaba sacar el capote y el puro para estar de foto, porque su acento y sus expresiones eran 100% madrileñas, nomás que hablando en inglés. Me dijo que me podía quedar que la Misa ahí comenzaría en media hora. Acepté con gusto y me dispusé a esperar, ve llegar a una legión de señores con filipinas, golbos de cantolla iluminados con luz eléctrica, la feligrecía vestida de rojo. Todo esto ya era bastane folclórico, pero había más. Detrás de mí, un hombre empezó a hablar sólo en un inglés que no alcanzaba a entender, estuvo así durante quince minutos, hasta que comenzó la Misa y este hombre se subió al altar a dar un discurso que me aclaró toda la situación.
Esta era la Misa del Singbangabí, una fiesta filipina que celebra los 9 días anteriores a la Navidad, la busqueda de la estrella y el camino de los Reyes Magos y que por supuesto culmina con la Natividad. Allá se celbran las Misas a las 4 de la mañana y después se da un desayuno para la comunidad. Como estabamos en los E.U. lo de las 4 de la mañana está en chino, pero lo de la comida se quedá, eso dijo más o menos y mi estómago empezó a imaginar la cena gratis, dicen que lo ageno sabe más bueno y eso me alegró el corazón.
La Misa comenzó y todo transcurrió de manera normal, sólo que con un coro extraordinario, compuesto, por su puesto, por las señoras de lentejuelas y los hombres de filipina. Varios cantos en filipino (que por certo es muy melodioso y muy fuerte) en los que sólo se alcanzaba a entender, castasr rasteto Cristo, gjete gbeiu, Cristo, etc.
Todo acabó como tenía que acabar, un canto de salida dónde el coro actua la búsqueda de la estrella y el peublo conteste gesticulando de manera apasionante. Un espectaculo sin igual.
Después una cena con comida muy sospechosa, de la que sólo probé arroz y algo que parecía pollo, espero que eso fuera. Noche redonda antes de despedirme de mis anfitriones y recibir los abrazos tronadoras de las señoras de rojo.
En general lo asiático nunca me ha llamado la atención, pero esa mezcla de cultura española, mexicana y asiática que tienen los filipinos es la onda, es globalización y tiene siglos de existencia. Singbangabí.
Cajón de desmadre:
No me queda mucho tiempo, pero sólo comento: si las amenazas del narco contra la familia y la persona de Calderón son reales, la buena noticia es que ahora si le dolió al narco el golpe de la lana en la casa del D.F. Si son inventdos por el equipo de Calderón para darle fuerza, la mala noticia es que no hemos salido de la campaña mediatica de las elecciones.
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