He tenido dos meses de novedades. Dicen que la edad del "nunca" (nunca me había dolido esto, nunca me había cansado tanto, nunca me había pasado esto otro), llega cuando uno o es muy mayor o es muy joven. Pues yo no me considero en ninguna de estas dos categorías y sin embargo he tenido un par de meses, de pura novedad.
Resúltase ser que nunca me había dado cuenta de lo que significa mi papá para mí y para mi familia. Creo que nunca he dejado de admirar a mi papá. Recuerdo perfectamente que desde los 4 ó 5 años quería ser como él, me encantaba la canción de "Cómo mi papá" de Topo Gigio. Mi día favorito en el kinder era cuando teníamos que ir vestidos como nuestros papás.
Durante la primaria me encantaba acompañarlo a todos lados, me admiraba que supiera tantas cosas y que las explicara con tanta paciencia. Las noches de beis en el estadio eran lo mejor, todo un ritual: nos estacionamos en el lugar de siempre, compramos nuestras respectivas bolsas de semillas (con el mismo de siempre), pasamos a nuestros asientos (los de siempre). Como llegamos temprano, los jugadores se acercan a saludar a mi papá; lo conocen bien porque tiene años (muchos más de los que yo tengo) yendo al estadio y porque seguido pasan a la tienda de mi papá a comprar algo. Todos los que saludan a mi papá lo hacen con un respeto que sólo me hace enorgullecerme más, parece que todo mundo lo conoce y que todo mundo lo respeta. Acaba el juego, llegamos a la casa; son las 11:40 y mañana es día de colegio. Mi mamá nos está esperando con cara de pocos amigos. Mi papá y yo entramos saludando rápido para no recibir el regaño: mira nada más que horas son!, seguro que mañana no te vas a levantar, ¡cómo qué no tienes hambre! ¿cuántas bolsas de semillas te comiste?
En fin, que ahora que ha estado enfermo, que lo vi tan dependiente de nuestra ayuda, asustado, indefenso; me topé con pared. Mi papá siempre era el que sabía qué hacer, el qué consolaba, el qué dirigía, el qué mantenía la calma y el qué tenía la solución. El que no esté ahí es nuevo para mí, desagradablemente nuevo.
Lo que no es nuevo es que en esta batalla por su rehabilitación, él nos lleva la delantera, con su paciencia, su constancia y su fortaleza. Gracias a Dios ahora la ha librado bastante bien y está volviendo a ser el mismo, pero yo no. Me doy cuenta de que llegará un día en que ya no la libre, en que me tenga que despedir de él y esa novedad es muy dura.
Ojalá lo nuevo se haga viejo.
0 comentarios:
Publicar un comentario